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El joven científico que descubrió el virus del Ébola

Hace casi 40 años, un joven científico belga viajó a una zona remota de la selva congoleña, su tarea consistía en ayudar a descubrir por qué tantas personas estaban muriendo de una enfermedad desconocida y aterradora. 

En septiembre de 1976, un paquete que contenía un frasco brillante, en un termo azul llegó al Instituto de Medicina Tropical de Amberes, Bélgica. Peter Piot estaba ese día trabajando en el laboratorio, un científico de 27 años de edad. EL termo no llevaba café en su interior había un par de frascos de sangre, junto con una nota. La sangre provenía de Zaire, hoy República Democrática del Congo, en la nota su compatriota comentaba que la sangre era la de una monja, también belga, que había caído enferma con unos síntomas de una enfermedad que no podía identificar.

Peter Pyot a la derecha   
Cuando se abrió el termo uno de los viales estaba roto y la sangre estaba mezclada con el agua del hielo derretido que servía como conservante. Él y sus colegas no tenían conocimiento de lo peligroso que era. A medida que la sangre goteaba en el agua helada también lo hacía un virus desconocido mortal.

Cuando los científicos colocaron algunas de las células bajo un microscopio electrónico vieron algo que no esperaban. Un gusano gigantesco para los estándares virales, muy parecido al virus de Marburg.
Virus de Marburg

El virus de Marburg fue reconocido por primera vez en 1967, cuando 31 personas enfermaron con fiebres hemorrágicas en las ciudades de Marburgo y Frankfurt en Alemania y en Belgrado, la capital de la extinta Yugoslavia. Este brote de Marburg se asoció con el personal de laboratorio que estaba trabajando con monos infectados de Uganda, siete personas murieron. Piot sabía lo peligroso que era el virus de Marburg, pero después de consultar a expertos de todo el mundo llegó a la conclusión de que lo que estaba viendo en el microscopio no era Marburg, era algo nunca antes visto.

Virus del Ébola 

A Amberes habían llegado noticias de que la monja, estaba bajo el cuidado de un médico en el Zaire, que había muerto. El equipo descubrió que muchos otros estaban cayendo enfermos con esta misteriosa enfermedad en una zona remota en el norte del país. Sus síntomas incluían fiebre, diarrea y vómitos seguidos de sangrado y, finalmente, la muerte.

Dos semanas más tarde Piot y su equipo, estaban subidos a un vuelo a Kinsasa. El equipo tuvo que viajar al centro del brote, una aldea en la selva ecuatorial, a unos 1.000 km más al norte. El médico personal de Mobutu Sese Seko el presidente de Zaire en aquel momento fletó un C-130 que aterrizó en Bumba, un puerto fluvial situado al norte del río Congo. En la zona el temor que rodeaba la misteriosa enfermedad era tangible. El destino final del equipo de Piot fue el pueblo de Yambuku, a unos 120 kilómetros de donde el avión los había dejado. Yambuku tenía una antigua misión católica que tenía un hospital y una escuela dirigida por un sacerdote y las monjas, todos ellos belgas. Piot nada más llegar creó un cordón sanitario para prevenir la propagación de la enfermedad.

Equipo de Piot segundo por la izquierda 

La prioridad era detener la epidemia, pero primero necesitaban averiguar cómo este virus se propagaba de persona a persona, por el aire, en los alimentos, por contacto directo o transmitido por insectos. Para investigar la propagación del virus el equipo dibujó mapas que representaban cada aldea que visitaban. Estas fueron las tres preguntas que hicieron:
-¿Cómo evolucionó la epidemia? 
-¿De dónde procedían las personas infectadas? 
-¿Quién se infectaba?

El equipo descubrió que las mujeres que asistieron a una clínica prenatal recibieron una inyección de rutina. Cada mañana, sólo cinco jeringas eran distribuidas entre las pacientes, las jeringuillas se usaban más de una vez y el virus se esparció entre las pacientes. El equipo también descubrió que la gente enfermaba después de asistir a los funerales. Cuando alguien moría a causa del Ebola, el cuerpo estaba infectado del virus, el contacto directo en el lavado o la preparación de la persona fallecida sin protección era un riesgo grave de contagio. El siguiente paso consistió en detener la transmisión del virus. Se cerró la clínica, se puso la zona en cuarentena informando a la comunidad, se acabó con la epidemia pero cerca de 300 personas murieron.

Había que ponerle un nombre a la enfermedad, Piot no quería ponerle el nombre de la localidad, Yambuku, porque sería muy estigmatizante. El equipo decidió nombrar al virus con el nombre de un río cercano, el río Ébola. El virus que llegó a Amberes en el termo, a partir de entonces sería conocido como el virus del Ébola.



38 años desde aquel brote inicial, el mundo está experimentando su peor epidemia de Ebola. Hasta el momento más de 600 personas han muerto en países del África occidental, Guinea, Liberia y Sierra Leona. En ausencia de una vacuna o una cura, las maneras de evitarlo son muy parecidas que hace casi cuarenta años. Utilización de jabón, guantes, aislar a los pacientes, no reutilizar las agujas y poner en cuarentena a los que han contenido contactos con los enfermos.

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